El ganchillo (el de verdad, no el de la IA) siempre fue un pasatiempo de calma y tiempo libre. Salvo cuando un pueblo entero se junta y decide convertirlo en parte de la festividad. Si en tu pueblo la fiesta empieza con traca y cohetes, en Losacino de Alba, en la zamorana Tierra de Alba, la fiesta empezó con una aguja. Del 2 al 4 de octubre, por la Virgen del Rosario, sus calles se vistieron con 20 hilos, más de 150 metros de cuerda y unos 300 banderines de ganchillo, muchos de mandalas y espirales. Las vecinas los tejieron durante meses y los jóvenes los colgaron.
Cómo se teje una fiesta. La idea nació en 2025 de la Asociación Cultural El Ribote, con el apoyo de la tienda zamorana La Casa de las Labores. Aquel año, los banderines se concentraron en los puntos de más afluencia. En 2026 cubrieron prácticamente todo el pueblo. El municipio entero, con Muga de Alba, Vide de Alba y Castillo de Alba, suma 189 en 2025. Eso da para muchos banderines por persona.
El núcleo urbano ha ido perdiendo vecinos (por ejemplo, en 2004 eran 306 habitantes). Y este tipo de iniciativas impulsan, al menos durante unas semanas, la vida en sus calles y su memoria. Su joya es el Castillo de Alba, hoy una ruina declarada Bien de Interés Cultural. Se levantó en el siglo XII sobre un castro vetón y Alfonso IX lo devolvió a los Templarios en 1220. En 1459 se convirtió en sede del condado de Alba de Aliste.
Y la paleta de banderines homenajea a la tierra: la bandera de Zamora, la manta zamorana, la capa parda alistana y retales de las propias tejedoras. Cada banderín es completamente único y distinto.
Fiesta local. El abuelo de todo esto es el yarn bombing, el "grafiti de lana". Nació en 2005 en Houston, en una jornada floja en la boutique de Magda Sayeg. Sayeg tejió una funda azul y rosa para el pomo de la puerta y la bautizó "alpha", la pieza original. La reacción de los transeúntes la animó a seguir con señales de stop y antenas de coche. Cada pieza llevaba una etiqueta con el lema "knitta, please!", un juego de palabras que da nombre al colectivo Knitta Please, que fundó con una amiga conocida como AKrylik.
El movimiento también tenía sus propios antecedentes: Bill Davenport exponía objetos cubiertos de ganchillo en los noventa. Shanon Schollian tejía fundas para tocones talados en Oregón en 2002. Pero fue Sayeg quien lo convirtió en fenómeno. Sus piezas llegaron a un tramo de la Muralla China y a un autobús de Ciudad de México, y desde 2011 hay incluso un Día Internacional del Yarn Bombing, el 11 de junio.
En Xataka Harto de la falta de mantenimiento, un vecino de Mataró se puso a plantar árboles por su cuenta. Resultado: más de 1.700 euros de multa Sayeg se identifica más con los grafiteros que con los tejedores: quería “ensuciar de ternura una ciudad dura”. Por eso el yarn bombing suele hacerse sin permiso. Un criminólogo lo describe como una intervención efímera que puede chocar con las leyes sobre allanamiento, daños o molestias. Tampoco está libre de críticas: la lana sobre los árboles puede restringir la savia y frenar su crecimiento. Pero en fin, los vecinos de Losacino invitan a quien quiera a recorrer las calles y fotografiarlas, así que aquí el objetivo difiere, pero no la intención: ternura colectiva.
El verdadero récord. Como referencia, Guinness registró 11,97 kilómetros de guirnalda de ganchillo, medidos en Enschede (Países Bajos) el 8 de julio de 2018 para el décimo aniversario de un centro de apoyo a personas con cáncer. Losacino necesitaría casi 80 veces su cuerda para acercarse a ese récord.
Aunque esa marca ya tiene aspirante. En agosto, la ONG india Mahila Manovikas desplegó en Visakhapatnam una guirnalda de ganchillo con la bandera india. Una crónica habla de 14 kilómetros; otra, de 12,18. La ONG ya suma récords con 4.686 gorros (2022) y 2.719 ponchos (2023).
La cadena de ganchillo más larga, por cierto, mide 345,7 kilómetros: una escuela de Berlín la tejió en nueve meses entre alumnos, padres y docentes. La manta más grande cubre 17.188,57 metros cuadrados. Y la guirnalda de banderines más larga, de cualquier material, mide 17,6 kilómetros: la colgaron en 2013 los vecinos de la isla alemana de Poel.
Quien sí fue a por el récord con ganchillo callejero fue Etzatlán (Jalisco). Según Xataka México, 199 artesanas y un artesano invirtieron 24.744 horas en ocho meses y cubrieron sus calles con 2.832 metros cuadrados en 2019. Pesan 824 kilos, y el proyecto seguía creciendo hacia los 12.000.
Gancho en otros pueblos. Losacino no está solo, claro. En Valverde de la Vera (Cáceres), la arquitecta Marina Fernández Ramos, vecina del pueblo, lanzó Tejiendo la Calle. Desde 2013, cada verano viste el cielo con cientos de metros de parasoles de ganchillo con plástico reciclado. Es una pasada, de verdad. En Alhaurín de la Torre (Málaga), unas 40 tejedoras cubren con crochet una calle de 60 metros y 500 metros cuadrados. El proyecto empezó cuando el Ayuntamiento buscó una sombra más ecológica.
Y hay más: Castaño del Robledo (Huelva) decora su Navidad con ganchillo desde hace diez años. La idea nació en un centro Guadalinfo y saltó a Alájar, Fuenteheridos y otros pueblos serranos. En San Martín de Unx (Navarra), quince mujeres de 60 a 94 años tejieron un árbol de Navidad de dos metros y medio con unas 300 piezas. Una de ellas, de 89 años, no cogía el ganchillo desde los siete. Y Aldealseñor (Soria) estrenó banderines de ganchillo en agosto de 2025, por iniciativa del Ayuntamiento. Faltó tiempo y solo se cubrieron algunas calles.
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- La noticia Un pueblo zamorano de 180 habitantes quería decorar sus calles así que sus vecinas tejieron 15 metros de ganchillo fue publicada originalmente en Xataka por Isra Fdez .



