"Gracias por tu sombra". Los vecinos de La Paz, en Málaga, dejaron ese mensaje al pie del tronco junto a la fecha 1974-2026. El ficus se partió por la mitad la noche del 30 al 31 de agosto y el Ayuntamiento lo cortó entero. Promete reponerlo, sí, pero ya se verá cuándo. Los vecinos protestaron dos veces en pocos días: decenas primero y más de un centenar después. La gran pregunta es: ¿qué está pasando con los árboles? ¿Alguien los odia?
Miedo con raíces
Quiero partir de una hipótesis que explica parte de lo que viene después: desde la helada Filomena, pasando por la DANA y las ciclogénesis explosivas, cada gran temporal deja la misma postal, un tronco sobre un coche o una rama en mitad de la acera. Solo Filomena tumbó o obligó a talar 94.115 árboles en Madrid, el 5,5 % del arbolado municipal. Es normal mirar primero al árbol como amenaza y solo después como sombra (cuando, de hecho, pueden proteger), cuando el verano aplasta.
El segundo miedo se llama incendio. 2026 ha sido el año de los incendios y la asociación más primitiva invita a pensar: "árboles = combustible". Frente a las medidas para sanear lindes, uso de cañones de agua o anillos forestales, en muchas ciudades ante la duda, se tala.
Explanadas y escaparates
A ese miedo se suma un modelo urbanístico seco: plazas duras, pavimento continuo y obras en las que el árbol estorba por mantenimiento. Los datos del propio Ayuntamiento de Madrid, recopilados por Somos Madrid, dan la medida: de 400.739 árboles maduros en 2019 se pasó a 322.123 en 2022, casi un 20 % menos (sin contar la Casa de Campo), y en las calles la caída fue del 22 %. El mayor descenso, unos 59.000 ejemplares, llegó en 2022 y no en 2021, irónicamente.
Y la escena de Málaga con la que abríamos se repite por buena parte de la geografía. El Ayuntamiento invoca la seguridad y promete plantar más. Después llegan las peticiones de informe técnico por cada tala, las preguntas sobre cuándo se ejecutó la última revisión y demás reclamos reactivos.
San Miguel, el manual
La plaza de San Miguel, en Zaragoza, tenía 39 árboles antiguos. Según la Mesa del Árbol, un colectivo ecologista, quedan unos 20. El proyecto prometía 27 nuevos. El Ayuntamiento anunció 14, entre tilos, tulíperos y perales, y suma una pérgola metálica con nebulizadores. Otra vez, algo artificial frente a lo natural. El colectivo sostiene que esa sombra no llega y que la solera de hormigón daña las raíces de los supervivientes.
La asociación ANSAR suma otra cifra: más de la mitad de los árboles que debían conservarse ya están talados. Denuncia además raíces al aire y vertidos de cemento en las obras. La Federación de Barrios contabiliza 10.000 árboles menos en la ciudad desde 2022. El Consistorio respondió que no se quitan por capricho. Algunos pretextos: evita mantenimiento extra del alcantarillado, ahorra gastos en jardinería y los pisos bajos ganan luz.
Pero sin explicaciones
En Toledo llevan años pidiendo que a cada árbol tirado (a veces por coches) se reponga un equivalente. Las misteriosas pegatinas no sirvieron de nada porque a día de hoy, en el polígono residencial hay aproximadamente 400 árboles menos que hace un lustro, casi todos cipreses (y algunos fresnos y cedros) que llevaban décadas instalados por el Parque Lineal y la Avenida Valdemarías. Entretanto, el PSOE sigue reclamando al gobierno del Ayuntamiento por qué no se revisan y se dejan caer.
Chopos de 25 metros
La alcaldesa de A Coruña aseguró que planta el doble de lo que corta y los datos municipales le dan la razón: 0,6 árboles por metro en 2024, frente a 0,2 en 2021. Pero los chopos de la plaza de Ourense medían 25 metros y sombreaban toda la plaza. Los técnicos vieron pudrición y los talaron entre protestas. En la calle Juan Castro Mosquera cayeron 9 ejemplares. En el parque de Santa Margarita, siete, casi todos eucaliptos con daños estructurales. En el jardín de San Carlos murieron los seis olmos protegidos que quedaban. La grafiosis pesó. La reforma del jardín también, según la oposición.
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Madrid ya tenía el precedente de la plaza del Carmen, con 59 árboles menos por otra reforma de aparcamiento. En Santa Ana hicieron lo mismo: 28 talas y 19 trasplantes sobre 54 árboles. Joni Mitchell ya lo cantó en 1970: paraíso, asfalto y aparcamiento. Aquí el aparcamiento es literal. Tras la presión vecinal, el Ayuntamiento bajó las talas a cinco. Cuando se quisieron dar cuenta, Más Madrid contó más de 25. En Carabanchel, los colectivos de Eugenia de Montijo denunciaron 188 talas y 95 trasplantes por la urbanización de la antigua cárcel.
La parte cierta
Muchos árboles están enfermos. En Toledo, el concejal de Medio Ambiente admitió ejemplares "muy dañados" tras la borrasca Filomena y años de problemas acumulados. Cayeron ramas en la plaza de la Bellota y en el Corralillo de San Miguel. Después llegó la tala del olmo de San Agustín. El problema es lo que viene luego. Toledo prometió reponerlo y plantar 3 ejemplares nuevos, pero ya en la próxima campaña de plantación.
Zaragoza describe el mecanismo en su propia web: retirar árboles secos, enfermos o peligrosos "genera nuevos alcorques vacíos". Zaragoza dejó de reponer pinos en los alcorques. Porque no siempre se opera bajo la misma metodología: en Málaga, la rama de un eucalipto hirió a 2 jóvenes y el Ayuntamiento activó un plan de refuerzo que prioriza los árboles de gran porte. En Zaragoza, cayó un pino en unas obras e impuso la sustitución de otros 18.
Según fuentes municipales, Málaga registra 31.085 actuaciones sobre el arbolado este año, con 1.133 talas y su reposición. Zaragoza, con casi 172.000 posiciones arboladas, presume de su mayor periodo de plantaciones en años: 193 árboles en Torrero-La Paz, 108 en San José y 71 en Las Fuentes.
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En Barcelona fue la falta de agua. En plena emergencia, el Ayuntamiento no tenía camiones ni operarios para regar a mano los 250.000 árboles de la zona urbana y tuvo que priorizar ejemplares. La factura se paga ahora: de los 7.500 árboles que había que reponer, la ciudad preveía cerrar 2025 con 6.214 replantados, el 80%.
Además, todo el arbolado se revisa al menos una vez cada dos años, al menos sobre el papel. Porque la edad del árbol es la clave. Quizá por esto Barcelona también tiene su propia tala anunciada: quiere recortar un 56% sus plataneros, hoy 43.722 y el 27,45% del arbolado, hasta el 12% en 2037, con un tope del 15% por especie.
Valencia, tierra de alcorques
En 2022, el PP, entonces en la oposición, denunciaba 3.616 huecos de árboles, un 41% más que dos años antes. Hoy Compromís, en la oposición, cuenta 4.961 alcorques vacíos o con árboles muertos en abril de 2026, frente a los 4.690 que reconocía la Concejalía en octubre de 2025. El Ayuntamiento respondió con 762 árboles nuevos en la campaña 2025-2026 y con 644 más en la reforma de Giorgeta y Pérez Galdós. El miedo es el de siempre: tras la tormenta del 16 de septiembre, el Jardín del Túria siguió cerrado la semana entera mientras se inspeccionaban los árboles. Si algo se ha demostrado es que los árboles protegidos suelen sobrevivir.
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El hormigón y el asfalto retienen calor de día y lo sueltan de noche. La Universidad de Granada midió 19 especies bajo la copa y encontró 5 ganadoras, con picos de 3,5 °C menos. ISGlobal calcula que una cobertura arbórea del 30% evitaría un tercio de las muertes por isla de calor. Un árbol adulto ya hace ese trabajo. Un plantón tarda, como mínimo, 20 años, según los vecinos de Santa Ana.
El año pasado, 'Termomerada 2025' puso en relieve las peligrosas islas de calor en 67 municipios. Este año, Alianza por el Clima, Barrios por el Clima, la Confederación Estatal de Asociaciones Vecinales, Ecologistas en Acción, Greenpeace, Intermón Oxfam y Juventud por el Clima se han unido para un nuevo proyecto: 'Ecomapeo Estatal – ¡Aquí falta un árbol!' es una auditoría ciudadana en más de 150 municipios que busca poner en relieve las graves carencias que sufren muchos pueblos y ciudades en materia arbórea.
Calle y pancarta
La Mesa del Árbol de Zaragoza nació este verano y reclama una mesa institucional, porque la Comisión de Biodiversidad no se reúne desde 2016. En Carabanchel, los vecinos organizaron una ruta donde los árboles toman la palabra. En Toledo, la oposición reclama el informe técnico de cada tala: el PSOE lo hizo en 2025 por 10 árboles junto al Cristo de la Vega, en plena ola de calor, y Sumar lo repite ahora por el olmo de San Agustín. En Málaga, Podemos e Izquierda Unida registraron 26 preguntas sobre un único ficus.
La pregunta obvia es: ¿se han reunido? La realidad es esta: en Toledo, por ejemplo, llevan 318 días sin Consejo Ambiental. En Zaragoza: una década. En Sevilla: de la promesa de plantar seis o siete mil árboles se enfrentan a 17.000 huecos, lo que supone 7.000 alcorques vacíos más que en 2021. Y cuando la Mesa Ciudadana del Árbol ya reclamaba reactivar el comité consultivo del arbolado, Ecologistas en Acción denunció que el Consejo Asesor de la Agencia para la Energía, Clima y Sostenibilidad no se reunía desde noviembre de 2022.
El pasado verano, Mecuidas (la Mesa Ciudadana del Árbol) no logró una reunión fructífera y constató que muchos de los árboles plantados en 2025 acabaron secos en 2026. La tala preventiva solo es un parche y sin debate no hay soluciones.
Imágenes | Pexels (David Vives) / Unsplash (Eduardo Drapier)
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- La noticia Qué demonios les pasa a las ciudades españolas con los árboles fue publicada originalmente en Xataka por Isra Fdez .



