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Pensábamos que los 28 °C del Mediterráneo eran una maravilla para bañarse. Pero el calor acumulado en agosto se paga en septiembre

Pensábamos que los 28 °C del Mediterráneo eran una maravilla para bañarse. Pero el calor acumulado en agosto se paga en septiembre

Pensábamos que los 28 °C del Mediterráneo eran una maravilla para bañarse. Pero el calor acumulado en agosto se paga en septiembre

Un Mediterráneo a 28 °C era, sobre todo, una buena noticia para las vacaciones: agua templada, baños interminables y muy poco contraste al entrar en el mar. El problema es que esa misma temperatura significa algo muy distinto para la atmósfera. El Mediterráneo funciona como un enorme depósito capaz de conservar durante semanas buena parte de la energía acumulada durante el verano. Y cuando llega septiembre y el aire comienza a enfriarse, todo ese calor sigue ahí, disponible para alimentar los episodios meteorológicos que encuentren las condiciones adecuadas.

Una enorme reserva de calor. En agosto de 2024, la temperatura media de la superficie del Mediterráneo alcanzó un récord de 28,47 °C y permaneció durante días por encima de los 28 °C. Dos años después, el fenómeno continúa: en julio de 2026 la media alcanzó los 27 °C, la más alta registrada para ese mes, y una boya situada cerca de Mallorca llegó a medir 33 °C a comienzos de agosto. 

Según el análisis de World Weather Attribution, alrededor del 80% del Mediterráneo occidental ha experimentado condiciones de ola de calor marina este año y el calentamiento provocado por el ser humano ha añadido aproximadamente 2 °C a las temperaturas de esta cuenca. El dato que para un bañista significa agua excepcionalmente agradable es, visto desde la meteorología, una cantidad extraordinaria de energía almacenada.

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No son los 28 °C: es que el mar guarda el calor. Sí, porque la tierra se calienta rápidamente durante el día y pierde buena parte de ese calor durante la noche; el mar responde mucho más despacio. Esa inercia térmica convierte al Mediterráneo en una especie de batería: absorbe energía durante los meses cálidos y puede conservarla cuando las temperaturas del aire empiezan a bajar.  

Cuanto más caliente está su superficie, además, mayor es la evaporación y más vapor de agua puede incorporarse a la atmósfera. Por eso el final del verano plantea una combinación peculiar: mientras en tierra agosto empieza a quedar atrás, bajo la superficie permanece almacenada una parte considerable del calor acumulado durante semanas.

Agosto como combustible en septiembre. Una superficie marina caliente no provoca por sí sola una DANA, un ciclón o una tormenta extrema. Hace falta que aparezcan otros ingredientes atmosféricos, como aire frío en altura, una baja presión o una configuración que favorezca la inestabilidad

Pero cuando eso ocurre sobre un Mediterráneo excepcionalmente cálido, la tormenta encuentra más humedad y energía disponibles: el agua caliente evapora con mayor facilidad, aumenta el contenido de vapor de la atmósfera y el contraste con las capas frías puede favorecer precipitaciones más intensas. Es ahí donde cambia la lectura de aquellos agradables 28 °C de agosto: la misma energía que prolongaba los baños puede seguir esperando cuando llegan las primeras perturbaciones de septiembre y otoño.

Daniel 2023 09 09 1200z La tormenta Daniel alcanzó su máxima intensidad antes de tocar tierra el 9 de septiembre de 2023

Daniel demostró la importancia de ese calor. En septiembre de 2023, el ciclón Daniel golpeó Grecia y Libia después de un verano en el que partes del Mediterráneo habían registrado anomalías de hasta 5,5 °C. En Zagora, Grecia, cayeron 759 mm en 24 horas; en Al-Bayda, Libia, se superaron los 400 mm diarios, y las inundaciones y el colapso de presas provocaron una catástrofe con miles de muertos. Un estudio publicado posteriormente reconstruyó Daniel mediante simulaciones y comparó lo ocurrido con un Mediterráneo al que se había retirado la señal de calentamiento a largo plazo. 

En ese escenario contrafactual, la precipitación acumulada durante la tormenta descendía un 42% en el conjunto del dominio estudiado y, en Libia, la reducción alcanzaba el 81%. El mar caliente no creó Daniel, pero las simulaciones indican que proporcionó vapor de agua y calor adicional que contribuyeron decisivamente a intensificarlo, especialmente durante su segunda fase.

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Las olas de calor marinas y las lluvias más intensas. Daniel no es la única pista. Investigaciones recientes han encontrado que entre un 5% y un 25% de los episodios de precipitación extrema sobre zonas costeras del planeta coinciden con una ola de calor marina cercana. Cuando intervienen olas de calor marinas intensas, las precipitaciones de esos episodios pueden ser entre un 20% y un 30% mayores

En el Mediterráneo esta relación resulta especialmente relevante porque es un mar semicerrado, se está calentando rápidamente y alcanza normalmente sus máximas temperaturas precisamente entre finales de agosto y principios de septiembre, justo antes de una época tradicionalmente propicia para episodios de lluvias torrenciales.

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Y en 2026 la batería vuelve a estar muy cargada. Este verano, algunas aguas europeas han llegado a situarse hasta 6 °C por encima de lo normal. World Weather Attribution estima que los máximos registrados en los Mediterráneos oriental y occidental habrían sido prácticamente imposibles sin el calentamiento causado por el ser humano, mientras que aproximadamente el 90% del golfo de Vizcaya y la costa ibérica y el 80% del Mediterráneo occidental han pasado por condiciones de ola de calor marina. 

Eso no permite pronosticar que septiembre vaya a traer sí o sí una DANA devastadora: la configuración de la atmósfera seguirá siendo determinante. Pero sí significa que, si aparecen los ingredientes adecuados, encontrarán debajo un mar extraordinariamente caliente capaz de suministrar más humedad y energía. Lo que desde la playa parece simplemente otro verano de agua a 28 °C tiene una segunda lectura menos agradable: agosto termina, pero parte de su calor se queda esperando en el mar.

Imagen | SP, NASA

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- La noticia Pensábamos que los 28 °C del Mediterráneo eran una maravilla para bañarse. Pero el calor acumulado en agosto se paga en septiembre fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .

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