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Me cambié a un móvil plegable y esta es mi experiencia: ¿Realmente merece la pena?

Me cambié a un móvil plegable y esta es mi experiencia: ¿Realmente merece la pena?

Hace poco di el paso que muchos todavía temen y me compré un móvil plegable. Más precisamente, un Motorola Razr 70, la versión de entrada de gama de la línea que se presentó a finales de abril. Si bien ya había tenido algún foldable en la mano, nunca antes había probado uno, y mucho menos comprado uno para usar como teléfono principal.

Pese a que los móviles plegables llevan años entre nosotros, todavía no son pasión de multitudes. La tecnología detrás de este tipo de smartphones ha evolucionado muchísimo en los últimos años, pero todavía son caros y añaden un componente de fragilidad que muchas personas todavía no están dispuestas a aceptar. Y es lógico que así sea.

Después de todo, estamos pagando más caro un dispositivo que se puede romper más fácil. No hay que ser un genio para darse cuenta de por qué un móvil plegable no es una opción para cualquiera. Es por ello que quiero aprovechar este artículo para contarles mi experiencia.

No estoy aquí para hacer un análisis en profundidad de mi plegable en particular, sino de los puntos más salientes de adoptar un móvil de este tipo como daily driver. Lo bueno, lo malo y lo que todavía me genera dudas. Seguramente hay partes de mi experiencia sesgadas por las virtudes o los defectos del modelo que estoy usando, pero espero pintar una imagen bastante completa no solo de mis sensaciones, sino también de lo que el producto genera en los demás.

¿Por qué un móvil plegable?

Todos los que me conocen se han pasado las últimas semanas preguntándome lo mismo: ¿Por qué te compraste un móvil plegable? La respuesta corta es que siempre me llamaron la atención y hacía rato que tenía ganas de dar el salto. La respuesta larga incluye varios factores:

  • Mi teléfono previo pedía recambio. Llevaba los últimos años usando un Motorola Edge 30 que, más allá de tener la pantalla rajada en una esquina, todavía funcionaba relativamente bien. Sin embargo, el punto de inflexión fue cuando un día le quité la funda protectora para limpiarlo y me encontré con que la batería había empezado a hincharse. Un verdadero peligro que aceleró el plan de cambiar de modelo.
  • Llevaba tiempo pensando que mi siguiente móvil seguramente sería un plegable. Mi gusto no iba tanto hacia el factor de forma tipo concha del Motorola Razr 70, sino al formato libro de los Samsung Galaxy Z Fold y similares. No obstante, mi restringido presupuesto no era suficiente para perseguir ese ideal. Creo que nadie en su sano juicio se gastaría más de 3 o 4 millones de pesos en Argentina solo para tener un Galaxy Z Fold 7 o Motorola Razr Fold, incluso con financiación sin intereses. No juzgo a quienes puedan hacerlo, pero la realidad es que son precios prohibitivos para la mayoría de las personas.
  • Me topé con un Razr 70 a un precio que, sin ser económico, quedaba dentro de mis posibilidades y con buena financiación. Fue una suerte de momento "ahora o nunca" que pude aprovechar. Además, tenía specs suficientes para mi caso de uso y me permitía mantenerme dentro del ecosistema Motorola, al que ya me acostumbré gracias a su Android de interfaz limpia y con considerablemente menos bloatware que otras marcas.
móvil plegable | Motorola Razr 70

Acostumbrarse al nuevo formato es más fácil de lo que se piensa

Una de las grandes dudas detrás de cualquier móvil plegable es si resulta difícil acostumbrarse al formato. La realidad es que la adaptación se produce más rápido de lo que uno imagina. Es cierto que las primeras veces que uno abre el teléfono tiene miedo de romperlo o de que se le escape de las manos, algo que seguramente se sufre más con el formato tipo concha. Pero una vez que le tomas la mano a la resistencia de la bisagra, se vuelve un movimiento más natural.

Con 38 años, puedo decir que me tocó vivir la última etapa de la era masiva de los flip phone, así que el factor de forma no me es desconocido. Eso sí, mi última experiencia con un dispositivo de ese tipo databa de 2009 con un Nokia 6131, que tenía un muy práctico botón lateral para abrirlo. Mi nuevo móvil plegable me ha traído gratos recuerdos de esa época.

Más allá de lo nostálgico del formato, hubo un aspecto del smartphone que me llamó la atención: su peso. Puede que esto se limite (o no) al Motorola Razr 70, pero no quiero dejar de mencionarlo. Al tenerlo cerrado, el dispositivo se siente verdaderamente pesado. La planilla oficial acusa 188 gramos, pero en un primer momento se siente como si fuera más. Eso sí, el balance en la mano al momento de abrirlo y usarlo es muy parecido al de cualquier smartphone convencional.

Los aspectos más positivos de un móvil plegable

Como les decía en párrafos anteriores, la tecnología detrás de los móviles plegables ha evolucionado considerablemente. Esto permite que sean cada vez más bonitos y compactos, sin sufrir de grandes limitaciones en materia de especificaciones técnicas o capacidades. De modo que mucho de lo bueno que hoy podemos encontrar en cualquier smartphone convencional, también dice presente en los de pantalla flexible.

En mi experiencia, si bien el Motorola Razr 70 no es el más liviano ni el más delgado del mercado, sí es compacto y cómodo de llevar. Además, la versatilidad de la pantalla exterior permite usarlo para tareas básicas sin tener que abrirlo, lo cual también se agradece. Por ejemplo, para responder un WhatsApp o un correo de forma rápida. Y siendo alguien con manos grandes, puedo decirles que el teclado de tamaño reducido no me ha generado problemas. Así que en modelos que tienen pantallas externas más grandes debería ser todavía mejor.

Otro aspecto en el que los móviles plegables han mejorado drásticamente es en la batería. En años anteriores, la autonomía era uno de los puntos más flojos de este tipo de aparatos, pero ya no más. Entiendo que esto también depende mucho de la marca y el modelo que se elija, pero en mi caso en particular me he visto sorprendido para bien.

Es cierto que mi teléfono anterior (el Edge 30) tenía una batería que era una basura: apenas 4.020 mAh de capacidad, y no me duraba hasta el final del día. Motorola ha metido una batería de 4.800 mAh en el Razr 70, y a pesar de darle uso intensivo siempre he llegado hasta cerca de la medianoche con entre 50 y 70 % de energía disponible, partiendo de una carga al 100 % a primera hora de la mañana.

Otro elemento positivo de un móvil plegable es que siempre llama la atención y es un disparador de conversaciones. Esto es un tema de vanidad, sin lugar a dudas. Pero incluso así merece la pena mencionarlo. En una época donde los smartphones comunes parecen ser una mera copia uno de otro, no está mal esa diferenciación.

Lo no tan positivo

Claramente, lo menos atractivo de un móvil plegable es su fragilidad. Los fabricantes han reforzado puntos clave como la bisagra, pero la pantalla interior sigue siendo el eslabón más débil en la cadena de la resistencia. El panel se marca y se raya muy fácil, y hay que tener especial cuidado de que no queden objetos atrapados en el interior al plegar el dispositivo. A esto debemos sumarle que, salvo contadas excepciones, su protección contra el polvo y el agua es deficiente en comparación con los smartphones convencionales.

La pantalla interna suele estar acompañada de otros puntos flacos. En mi experiencia, he notado que los ángulos de visión no son demasiado buenos y que los colores se distorsionan con facilidad. Esto lo observo principalmente al tener una aplicación abierta y no tanto en la Home o la pantalla de bloqueo. Desconozco si es un problema común en todos los modelos con este factor de forma, o si es específico del panel del Motorola Razr 70.

La marca del pliegue es otro elemento que todavía requiere de perfeccionamiento. Los últimos modelos de Oppo y Samsung demuestran que es posible hacerla prácticamente invisible e imperceptible. Pero si no estás en un modelo tope de gama debes acostumbrarte a que sigue presente.

Siendo totalmente honesto, tras un par de horas de uso de un móvil plegable te olvidas de que el pliegue está allí. Si lo buscas, lo encuentras; eso es innegable y aplica tanto a lo visual como a lo táctil. La mayor incomodidad que me ha generado no es al leer, ver vídeos o navegar por una interfaz, sino al usar la cámara. Bajo ciertas condiciones de luz, la franja del doblez aparece cuando quieres tomar una foto, y le lleva unos segundos al cerebro darse cuenta de que es por la pantalla y no por un fallo o suciedad en la cámara.

Lo que genera dudas

Si hay algo que todavía me genera dudas de los móviles plegables, puntualmente en los de formato de concha, es su utilidad real. Son compactos y cómodos, visualmente atractivos, y sus capacidades hoy están a la par de las de cualquier smartphone convencional, incluyendo los de gama alta, sin hacer grandes concesiones como en otras épocas. Pero no logran diferenciarse de estos lo suficiente, más allá del hecho de ser plegables.

Para que se entienda mejor. El plegable en formato libro es un smartphone que se puede enfocar más en la productividad y la multitarea. Es, en términos sencillos, una tablet que puedes doblar y llevar a todas partes en tu bolsillo. Por sí solo, esto ya permite una diferenciación suficiente del slab phone convencional, pero no se limita a ello. Su factor de forma abre la puerta a muchas más posibilidades realmente funcionales.

En el caso del móvil plegable tipo concha, marcas como Motorola y Samsung le apuntan a su adopción como herramientas para la creación de contenido para redes sociales. Algo que se aprecia especialmente en la opción de usar sus teléfonos semiplegados al grabar vídeos, como si fueran las antiguas videograbadoras.

Foto: Motorola

En lo personal, me da la impresión de que es un gimmick, y no creo ser el único que lo ve de esta manera. Lo he puesto a prueba en el Motorola Razr 70 y es incómodo e impráctico, y no tienen ningún beneficio real a grabar con el smartphone totalmente abierto. Algo similar a lo que sucede con la opción de "sentar" el móvil semiabierto para que sea su propio soporte al filmar desde una ubicación fija; no es nada que no puedas hacer con un trípode o estabilizador barato.

¿Merece la pena un móvil plegable?

La respuesta a esta pregunta es un gran "depende". Si eres como yo y quieres un móvil plegable por el simple hecho de que quieres un móvil plegable, y estas convencido de que se ajusta a tu caso de uso, es una opción a tener en cuenta. El factor de forma final se verá influenciado según para qué lo vas a utilizar y cuánto estás dispuesto a gastar.

Si crees que quieres un móvil plegable, pero no tienes la certeza de que se ajuste a tus necesidades, es probable que no te convenga o que al poco tiempo de usarlo le encuentres más puntos negativos que positivos.

Hay un punto crucial a poner sobre la balanza. Si solo buscas lo último de lo último en especificaciones de hardware (el procesador más potente, la mayor cantidad de RAM, el almacenamiento más amplio O la cámara más avanzada), hay muchos móviles convencionales, y muy buenos, que cuestan bastante menos que un plegable y ofrecen considerablemente más en esos apartados. Y no hace falta irse a la gama alta para encontrarlos. El POCO F8 Ultra es claro ejemplo de ello, por mencionar solamente uno.

Los foldables no son tan asequibles, pero muestran un camino de mejoría permanente y despiertan cada vez más curiosidad. Todavía tienen sus bemoles, pero ya no son un producto experimental y se espera que este año den otro paso al frente con el iPhone Ultra, el primer móvil plegable de Apple. Aun así, no es un tipo de producto para todos. Así que tómate el tiempo de ver si realmente se ajusta a lo que quieres (y puedes) antes de tomar una decisión definitiva.

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